8 trucos geniales para que tus objetos duren más tiempo ¡Nunca imaginé la #5!

Se puede alargar la vida de las pequeñas cosas cotidianas que usamos cada día. Con estos trucos la comida y otros utensilios podrás usarlos mucho más tiempo de lo normal.

1. Congelar las velas

Mientras que en algunas casas las velas tienen una función meramente decorativo, hay otros hogares en las que cumplen un objetivo funcional: alumbrar esos lugares donde la luz es un tanto caprichoso y no llega como queríamos.

Una forma casera y natural de alargar la vida útil de las velas es meterlas al frigorífico durante 24 horas antes de usarlas, se consumirán mucho más lentamente y podrás seguir dándolas uso. No sólo eso, sino que también conseguirán que goteen menos, es decir, que la cera caiga y el aspecto de esta sea mucho peor.

Si deseas prolongar más aún la vida de tus velas, existe otro consejo útil que evita el propio goteo, uno de los mayores indicadores de que una vela está empezando a terminar su vida útil. Por ello, prepara en un recipiente una mezcla de agua y sal y mete la propia vela durante, al menos, dos horas. Esa mezcla proporcionará mayor fortaleza a la hora de que comience a arder y que su resistencia sea aun mayor para que no se deforme.

Si aun así, no te convence ninguna de estas técnicas, puedes alternarlas y meterlas en el congelador unas horas más antes de utilizarlas.

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2. Vinagre en las uñas

Si estás cansada de que el pintauñas que te compres te dure muy pocos días, hay varios trucos fáciles que te permitirán no tirarte de los pelos cada vez que veas que las capas y capas que te pones han desaparecido por el agua y el jabón.

Uno de los más efectivos es aplicar unas gotitas de vinagre en las uñas. Frótalas entre sí, sácalas, sécalas bien con un papel y proceder al pintado de estas.

Si deseas aumentar más aun la duración del esmalte, da un repaso final con el pincel en posición horizontal para así evitar que la laca que contiene se descame. A evitar, tal y como confiesan varias expertas, la repetición de capa y capa de esmalte antes de aplicar una nueva. Es uno de los errores más cometidos y que no van a ninguna parte porque el pintauñas no penetra bien en la uña.

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3. Cuchillas de afeitar

El precio de las cuchillas de afeitar es un tanto prohibitivo, más aún si te vas al supermercado y optas por las primeras marcas. Si es así, seguramente habrás pensado si no existe algún truco fácil para alargar su vida útil. Y sí, sí que lo hay. Si tienes a mano un pantalón vaquero viejo que ya no usas, puedes utilizarlo para ello. Es muy simple: estíralo en una superficie lisa y pasa la cuchilla por una de las piernas durante 15 o 20 veces, afeitando en sentido opuesto al que te afeitas.

Otra de las cosas que debes tener en cuenta a la hora de afeitarte, sobre todo si quieres mantener con vida tu cuchilla, es secarla después de que te haya hecho su trabajo (preferiblemente con un secador) y conservarla limpia, con alcohol o aceite de almendras para preservar su estado original y ya de paso evitar posibles infecciones después de cortes inesperados.

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4. Separar los plátanos

Los más fieles a los plátanos seguramente conozcan este truquito. Se trata de una fruta que hay que tratar con delicadeza, ya que tiene mucho riesgo de que se pase su fecha óptima de consumo y empiece a dañarse.

Cuando vayas al supermercado y compres varios plátanos en un ramo juntos, sepáralos nada más llegar a casa. Por separado aguantarán mucho más, ya que lo que le pasa a uno se contagia a otro.

Otro de los trucos que tienes que tener en cuenta para que te duren más es envolver la punta de los plátanos con papel film. Esto es importante si acabas de comprarlos, si por el contrario, está ya un poco maduro, quita la piel y envuélvelo en papel de aluminio. Eso sí, directos a la nevera o el frigorífico porque si no no aguantarán.

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5. Cereales

Si no eres muy de cereales pero te apetece un tazón por la noche de vez en cuando, seguramente habrás notado que no tardan mucho tiempo en ponerse malos. Normalmente, los guardamos en el armario junto a las galletas, los bizcochos y demás productos dulces de casa. ¡ERROR! Lo que tienes que hacer para evitar que se dañen es meterlos en el frigorífico una vez que los hayas comido.

¿Hay alguna alternativa menos extraña? Sí, si además se han puesto blandos y te apetece que recuperan su constitución, pon en una taza los que vayas a comerte y caliéntalos en el horno a unos 100ºC (¡no te pases con la temperatura!) con papel de aluminio durante uno o dos minutos. Cuando estén preparados, tendrás unos deliciosos cereales más parecidos a los que compraste y que crujirán cuando vayas a darles bocado. ¡Buenísimos!

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6. Ramo de flores

San Valentín, cumpleaños, celebraciones inesperadas… Un ramo de flores es el regalo perfecto para sorprender a alguien cercano. Eso sí, igual que las recibes en casa, cuando pasan un par de días hay un riesgo elevado de que se pongan malas.

Ahí entra el debate de cómo hay que cuidarlas. Que si en agua, que si mejor en un jarrón transparente Si te han regalado un ramo de rosas o de cualquier otro tipo de flor, lo mejor es ponerlas en agua con un chorrito de vodka. Esto matará a las bacterias que las marchitan. Si no tienes a mano esta bebida alcohólica en casa, puedes probar a utilizar una mezcla casera mucho más natural: lejía y añadir un poco de azúcar.

Si no te convence mucho la idea, puedes probar con otro remedio muy utilizado y sorprendente: unos cubitos de hielo y una aspirina efervescente.

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7. Lechuga en el frigorífico

Si has comprado una lechuga entera en el supermercado y vas a guardarla en la nevera (también si tienes un cogollo para una ensalada pequeña) para otra ocasión, existe un truco muy bueno para que se mantenga todo el tiempo que quieras. Lo mejor para ello es guardarla en el frigorífico con un trozo de papel encima y taparlo con film. Este papel absorberá la humedad que hace que se ponga mala.

Opta siempre por los cajones de la nevera (son la zona menos fría) e incluso corta las hojas con un cuchillo de plástico. ¿Por qué? Así previenes que se pongan malas y retardas la temida oxidación. Cuando las saques para comerlas, puedes desinfectarlas con unas gotas de lejía alimentaria y enjuagar bien para posteriormente consumir.

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8. Cortar queso

Si eres de los que mete todos los dedos en el queso a la hora de partir un pequeño trozo, lo estás haciendo rematadamente MAL. ¿Por qué? El contacto de tus dedos (con las correspondientes bacterias que habitan en ellos) provocan directamente que el moho que fermenta dentro del lácteo aparezca de una manera mucho más rápida que si no fuera así.

Para evitarlo (aunque sea alguno incómodo), ponte una bolsa de plástico para evitar el contacto directo con el queso. Si te da pereza, tienes otra opción: ir al súper y comprar el queso cortado. Sí, es más caro pero no queda otra si no quieres que el moho sea el nuevo amigo de tu nevera.

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