19 Hábitos poco saludables que todos hacemos y NO deberíamos en la cocina ¡En especial el #5!

En primer lugar, no todos los gérmenes de tu cocina son malos para ti

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Antes de convertirte en un germófobo o germófoba, deberías saber que las investigaciones demuestran que la exposición a los gérmenes puede ayudarte a mejorar tu sistema inmunológico y mantener bacterias intestinales buenas. Así lo explica el Dr. Pritish Tosh, especialista en enfermedades infecciosas en la Clínica Mayo en Rochester, Minnesota.

Pero deberías evitar los patógenos, que son diferentes de los gérmenes normales. Un patógeno es cualquier bacteria, virus u otro organismo que provoca enfermedades y dolencias. “Los patógenos están por todo tu cuarto de baño y cocina, pero en la cocina seguramente es peor porque ahí somos menos hiper-conscientes de la limpieza, no como con el baño, y a la mayoría de la gente le da pereza”, dice la doctora experta en gérmenes Kelly Reynolds, directora de ciencias de la salud medioambiental en la Universidad de Arizona.

Entonces… ¿cuáles son los errores más comunes que pueden aumentar los riesgos de estos patógenos? Esto es lo que opinan los expertos:

1. No someter a tu cocina a los mismos estándares básicos que tienes para los restaurantes.

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“Si las cocinas de la gente se sometieran a una inspección sanitaria todos suspenderíamos, incluso los expertos en gérmenes”, dice Reynolds. “Pero evidentemente debemos respetar las mismas reglas, como por ejemplo no permitir la contaminación de superficies o alimentos con carne cruda, no dejar productos lácteos fuera del frigorífico demasiado tiempo, y lavarnos siempre las manos después de ir al baño”, añade.

2. Preparar carne cruda, especialmente pollo, sin limpiar y desinfectar continuamente cualquier superficie que toque.

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“Aproximadamente el 50% de las carnes de la tienda de alimentos están contaminadas naturalmente a causa de la manera en que son procesadas o manejadas”, dice Reynolds. Un pollo enfermo puede infectar a miles de otros con patógenos como salmonella, E. coli o campylobacter (intoxicación alimentaria).Normalmente a estos patógenos se les mata durante el proceso de cocción. Pero por eso debes poner especial cuidado mientras preparas la carne cruda, para no acabar contaminando accidentalmente otros alimentos que no van a ser cocinados, como por ejemplo una ensalada.

“Siempre debes utilizar sartenes diferentes, tablas de cortar diferentes y utensilios diferentes para la carne cruda y los alimentos que no se cocinan, a no ser que lo desinfectes todo cada vez que lo utilizas”, dice Tosh. Asimismo, tus manos son un buen vehículo para transferir patógenos, por lo que tienes que lavártelas cada vez que toques carne cruda. Más vale prevenir que curar.

3. Refrigerar o descongelar la carne cruda sin ponerla en un contenedor adicional para recoger los goteos.

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“Es fácil meter las carnes crudas que llegan de la tienda en envolturas de plástico y bandejas de poliestireno directamente en el frigorífico, pero gotean muy fácilmente, con lo que los asquerosos jugos crudos pueden derramarse”, dice Reynolds. “Estos goteos pueden caer sobre verduras y frutas más abajo, y, si contienen patógenos como salmonella o E. coli, provocarán terribles enfermedades diarreicas”, añade Tosh.

Es incluso peor si la carne cruda está congelada, porque el exceso de agua hace que gotee más fácilmente. Los expertos sugieren meter la carne en un contenedor, como un plato de cristal o un Tupperware, para aportar protección adicional.

4. No desinfectar o limpiar con lejía correctamente tu tabla de cortar.

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“¿Sabes todas esas grietas y rayones que tiene tu tabla de cortar? Son los lugares perfectos para que las bacterias y los patógenos se queden atrapados y contaminen lo siguiente que coloques encima”, dice Reynolds. No dejes de desinfectarla cada vez que la utilices si la usas para cortar carne cruda.

Reynolds sugiere restregarla bien con un jabón de vajillas antibacteriano, pero también deberías lavarla una vez a la semana con una mezcla de agua y lejía, para matar todas las cosas malas.

5. Utilizar una estropajo demasiado tiempo.

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“Se trata, literalmente, de una placa de Petri húmeda y cálida donde las bacterias pueden crecer”, dice Tosh. Además, todos los agujeros y huecos recogen gérmenes, con lo que acaban dentro de la esponja y pueden sobrevivir durante semanas. “Si queremos saber qué tipos de enfermedades han pasado por tu casa durante el último mes, solo tenemos que analizar la esponja de tu cocina”, dice Reynolds.

Si no cambias la esponja hasta que huele mal, eso quiere decir que ya ha sobrepasado mucho el plazo para sustituirla, porque lo que hueles es el moho, no las bacterias acumuladas durante semanas. Los cepillos son una mejor opción, pero si tienes que utilizar una esponja asegúrate de cambiarla una vez al mes. Ah, y tal vez no deberías intentar el truco de la esponja en el microondas, a no ser que quieras arriesgarte a provocar un pequeño incendio.

6. Dejar las esponjas o los cepillos en el fondo del fregadero o sobre la encimera, donde no puedan secarse.

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“Puede recoger incluso más gérmenes de tu fregadero o tu encimera, y como estará sobre un charco donde no puede secarse del todo, los gérmenes crecerán más aún”, dice Reynolds. Lo que debes hacer es usar una cestita, un recipiente de plástico o una rejilla donde se pueda secar y no entre en contacto con ninguna superficie asquerosa.

7. Olvidarte de desinfectar el fondo del fregadero de la cocina, y comer cosas que se han introducido ahí dentro.

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“La gente a menudo se olvida del fondo de su fregadero, pero es uno de los sitios más sucios de la cocina, casi tanto como el retrete”, dice Reynolds. Como la gente a menudo enjuaga y descarta cosas tales como carne cruda en su fregadero, al final se acaba formando un biofilm viscoso con bacterias y virus en torno al desagüe y en las esquinas. Y puede quedarse así durante semanas.

Así que, si echas ahí cualquier cosa que pienses comerte cruda (como un pícaro tomate “cherry”), lávalo bien. Y lava tu fregadero una vez a la semana con un espray desinfectante o llenándolo de agua y lejía.

8. Frotar tus encimeras con una esponja o un trapo sucio.

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“Nunca, pero nunca frotes tu encimera con una esponja. Tiene muchos huecos y zonas superficiales para recoger gérmenes y atraparlos. Incluso si utilizas el estropajo con un espray desinfectante, los gérmenes acaban en la encimera”, dice Reynolds.

Mejor, elije toallitas húmedas o un espray, y luego utiliza papel de rollo de cocina o un paño ecológico que puedas lavar en un ciclo caliente y desinfectante.

9. No desinfectar o cambiar tus cepillos de lavar platos con la suficiente frecuencia.

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Sin duda, los cepillos son una mejor opción para lavar los platos, pero las partículas de comida también se pueden acumular en el cepillo, con lo que se vuelve bastante asqueroso. “Primero tienes que enjuagar los platos para que solo se acumulen partículas mínimas de comida en el cepillo a lo largo del tiempo, y remojarlo en lejía una vez a la semana para desinfectarlo bien”, dice Reynolds.

Y… ¿te has fijado alguna vez en una extraña mancha rosa al final de las cerdas? “En realidad, eso es un fermento llamado Serratia marcescens, que es de lo que se alimentan las bacterias, con lo que luego pueden crecer como locas”, dice Reynolds. Si ves la mancha rosa, es señal de que tienes que meter el cepillo en lejía, o sustituirlo lo antes posible.

10. Cocinar mientras estás enfermo o enferma, especialmente si estás mal del estómago.

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¿Comerías en un restaurante sabiendo que el chef tiene un virus estomacal? Seguramente no. “Cocinar mientras estás enfermo o enferma, especialmente cuando se trata de una enfermedad diarreica, es la manera de contaminar los alimentos y provocar brotes de enfermedades como el norovirus”, dice Tosh. “Como las enfermedades diarreicas se propagan por la vía oral-fecal, todos los gérmenes del cuarto de baño contaminan la cocina (y viceversa), por lo que puedes acabar haciendo que otras personas caigan enfermas cuando comen alimentos que has preparado con manos cubiertas de patógenos”, dice Tosh.

Así que intenta evitar la cocina si estás mal, o al menos asegúrate de que frotas bien todas las superficies, mangos e interruptores de la luz con un paño desinfectante, y de que te lavas las manos con un buen jabón antibacteriano.

11. Dejar la comida fuera demasiado tiempo.

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Cuando la comida se deja fuera a temperatura ambiente, al cabo de dos horas llegará a un punto en el que se convierte en la temperatura perfecta para que crezcan las bacterias que producen las toxinas, lo cual provoca intoxicación alimentaria y diarrea. “Debes mantener las cosas calientes o refrigeradas, y limitar el tiempo entre medias en el que puedan alcanzar una temperatura que no sea lo suficientemente alta como para matar a las bacterias o lo suficientemente baja como para evitar que crezcan”, dice Tosh.

Evidentemente, esto no se refiere a los alimentos que deben estar a temperatura ambiente, como los panes o los productos frescos. Los expertos indican que los principales culpables son los guisos de cazuela y las sopas, especialmente cualquier cosa que contenga lácteos. “Es muy arriesgado dejar fuera productos lácteos o con huevos, especialmente cosas como mayonesa o salsa holandesa, que llevan yemas crudas que pueden contener salmonella”, dice Reynolds. Así que asegúrate de mantener tus alimentos a la temperatura adecuada, e intenta no picar de esa ensalada de patatas que lleva horas fuera en la comida de grupo.

12. Meter en el frigorífico una cazuela o sartén muy caliente llena de comida, en vez de distribuir la comida en Tupperwares más pequeños para enfriarla.

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Querrás asegurarte de darle un poco de tiempo a las cosas para que se enfríen antes de meterlas en el frigorífico, pero también es una buena idea meterla en contenedores nuevos y más pequeños. “Mucha gente se vuelve vaga y mete en el frigorífico una cazuela entera de comida muy caliente cubierta con estaño, pero no se dan cuenta de que la cazuela puede tardar hasta 24 horas en enfriarse, así que es igual que dejar la comida fuera para que las bacterias puedan crecer durante 24 horas”, dice Reynolds.

13. Volverte descuidado o descuidada con las fechas de caducidad de consumo o de límite de venta.

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Debes respetar de verdad las fechas de caducidad, porque te indican exactamente cuándo las bacterias nocivas se encuentran al nivel suficiente para causar enfermedades potenciales”, dice Reynolds. La fecha de límite de venta es un poco más ambigua, así que tendrás que utilizar tu propio criterio. Lo normal, sugiere Reynolds, es no esperar más de 3-4 días a partir de la fecha de límite de venta para la carne cruda, y hasta una semana para los productos frescos. Pero ten en cuenta que un alimento se puede estropear antes si no se almacenó correctamente en la tienda.

14. Dejar que tu gato se pasee por las encimeras donde preparas y consumes alimentos.

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Aunque los gatos son adorables y achuchables (a veces), pueden llevar encima todo tipo de cosas asquerosas de la caja de desechos, cosas que sin duda no quieres en las superficies donde preparas y consumes alimentos. “Los gatos llevan los patógenos que causan la toxoplasmosis desde sus cajas de desechos, lo cual no hace daño a los gatos pero sí a las personas, y mucho, especialmente a las mujeres embarazadas, ya que una infección puede provocar defectos de nacimiento importantes en el feto”, dice Reynolds. Así que intenta mantener al gato fuera de la encimera, o frótala bien cuando el gato pegue un salto y se vaya.

15. Olvidarte de enjuagar los productos frescos.

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Un poco de tierra o arena en tus productos frescos no te va a hacer daño, pero hay muchos patógenos posibles que pueden crecer en cosas como por ejemplo la lechuga en bolsas. “Además de la posible contaminación de la carne cruda que gotea en el frigorífico o se derrama sobre las encimeras, existen organismos que prefieren las temperaturas frías, por lo que crecen dentro de bolsas o productos refrigerados”, dice Reynolds.

La listeria, que causó una muerte y la retirada a gran escala de lechugas Dole, es un patógeno común que se encuentra en los productos embolsados y que puede hacer que la gente enferme gravemente. “Incluso si la lechuga tiene buen aspecto, una hoja mustia infectada de E. coli puede estropear toda la bolsa”, dice Reynolds. Los expertos sugieren lavar siempre las verduras que vienen en bolsas, incluso si en la bolsa pone que está “pre lavada”.

16. Dejar sobras en el frigorífico durante demasiado tiempo.

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Todo el mundo es culpable de esto. Pero incluso si tus sobras tienen buen aspecto y huelen bien una semana más tarde, ten cuidado. “La prueba del olor es más bien inútil, porque las bacterias no huelen, y su población puede duplicarse cada 20 minutos”, dice Reynolds. Lo que debes hacer es ajustarte a una ventana estricta de 4-5 días (y evidentemente más tiempo para cosas congeladas). Si tus sobras han estado a temperatura ambiente durante mucho tiempo antes de que las metieras en el frigorífico, seguramente se estropearán antes, dice Reynolds, así que adhiérete a una ventana de 3 días. Sí, es una putada tener que tirar comida rica, pero… ¿alguna vez has tenido un virus estomacal? “Yo digo que, ante la duda, mejor tirarlo”, indica Reynolds.

17. Utilizar el mismo paño de cocina para secar los platos y secarte las manos.

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“El paño de secar los platos es otra cosa con la que tienes que tener mucho cuidado, porque ese paño puede ser un lugar central de transferencia para las bacterias”, dice Reynolds. Y la verdad es que limpiar platos limpios con algo sucio es un poco perder el tiempo, ¿no?

Los expertos están de acuerdo en que no debes usar la misma toalla para secar los platos y secarte las manos, y asegúrate de que al menos cada 1-2 semanas echas cualquier paño de cocina al cubo de la ropa sucia, y lo lavas con un ciclo caliente y desinfectante.

18. Olvidarte de desinfectar tu rejilla de secado.

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“El paño de secar los platos es otra cosa con la que tienes que tener mucho cuidado, porque ese paño puede ser un lugar central de transferencia para las bacterias”, dice Reynolds. Y la verdad es que limpiar platos limpios con algo sucio es un poco perder el tiempo, ¿no?

Los expertos están de acuerdo en que no debes usar la misma toalla para secar los platos y secarte las manos, y asegúrate de que al menos cada 1-2 semanas echas cualquier paño de cocina al cubo de la ropa sucia, y lo lavas con un ciclo caliente y desinfectante.

18. Olvidarte de desinfectar tu rejilla de secado.

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Siempre que estés en la cocina preparando comida, especialmente en el caso de carne o pescado crudo, es súper importante que te laves las manos antes y después. Incluso si solo estás recalentando algo para cenar, deberías asegurarte de que tienes las manos limpias. Y sí, tus propios gérmenes seguramente no te harán daño, pero no tienes ni idea de las cosas tan asquerosas que puedes acumular en las manos durante un día en la calle (¿te suenan las barandillas del metro?).

Hazte con un buen jabón antibacteriano, aprieta la bomba surtidora con tu antebrazo limpio y sécate las manos con una toalla limpia. Cada vez que te dé pereza y no quieras hacerlo, piensa en comer en un restaurante donde los cocineros no se preocupen por lavarse las manos. EXACTO.

 
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