¿Por qué las mujeres pagan más que los hombres por los mismos productos?

Nadie duda que ser mujer es más caro porque las necesidades de consumo son diferentes y específicas. Sin embargo, existe una cuestión que en los últimos años ha cobrado una importante notoriedad: el precio diferenciado que parece obedecer a una cuestión de género, en el que las mujeres pagan un porcentaje más elevado por la versión “rosa” de muchos productos de cuidado personal iguales a los que usan los hombres.

Un estudio reciente realizado por el Departamento de Asuntos del Consumidor de Nueva York, en que se inspeccionaron alrededor de 800 productos, arrojó que la mujeres pagan en promedio 48 por ciento más en los productos para el cuidado del cabello, cepillos de dientes y hojas de afeitar que los hombres en el mismo tipo de productos.

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De igual forma en Inglaterra, la investigación realizada por Development Economics concluyó que las mujeres pagan en promedio 200 libras más al año (alrededor de 291 dólares) por productos con toque femenino, con diferencias menores en la producción.

Otro ejemplo es el cita Michael Cone, abogado e investigador durante muchos años de este tema. Cone cita el ejemplo de las camisas con botones: las del lado derecho (para hombres) tenían impuestos de importación menores a los de las camisas con botones del lado izquierdo (para mujeres).

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Lo anterior ha generado un interesante debate sobre un probable trasfondo de género, en el que se acusa a los minoristas de establecer los precios con argumentos sexistas y protestas alrededor del mundo. Aunque no hay una regulación específica en contra de cobrar más por servicios o productos basados en el género, hay esfuerzos individuales que poco a poco cobran impulso. Tal es el caso del Parlamento Británico, en donde Paula Sherriff, congresista del Partido Obrero, calificó la práctica de fijación de precios basada en género como “explotación”.

En lo individual, lo más recomendable es no dejarse influenciar por las campañas de mercadotecnia de los productos dirigidos a la mujer. Si los productos que satisfacen las necesidades personales más baratos son los dirigidos al público masculino, valdría la pena considerar adquirirlos para apoyar la economía personal y dejar de patrocinar empresas que discriminan abiertamente con sus precios.

 

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