13 Cosas que todos hacemos pero que NUNCA admitiremos en público ¡En especial la #13!

Estas es una corta lista de las cosas que todas hacemos, algunas por necesidad y otras simplemente porque si… De igual manera son cosas que nos cuesta admitir en publico porque pueden ser un poco bochornosas aunque no lo parezcan.

Échales un vistazo:

1. Husmear en el botiquín del baño ajeno.

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Pasas al baño de alguien, estás haciendo tus asuntos y mirás alrededor. ¿Qué shampoo usa? ¿Qué habrá en el botiquín? Bueno, miro inocentemente por arriba y sin juzgar, sólo porque me aburro y prometo no juzga ¿CÓMO QUE USA ESTO?

2. Hacer algo en redes sociales para manipular la atención de una persona.

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“Hace mucho que no me manda un mensaje, así que voy a postear esta selfie demoledora recién maquillada y con dos vasos casualmente de fondo para que crea que estoy en una cita”, pensás mientras ocultaste el tender con medias secándose, y el hecho de que de la cintura para abajo estas en pijama.

Bueno chicos, las redes son herramientas, qué se le va a hacer.

3. Tener conductas altamente cuestionables en la ducha

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Cantar, bailar, sonarse la nariz o hacer pis en la ducha son algunas de las cosas que por lo menos alguna vez hacemos en la ducha, al menos para saber cómo se siente.

(Si hay alguien que está diciendo “¡Qué asco!” en este momento sólo quiero decirle que en el fondo, lo sabe, yo lo sé y sobre todo: LO SABE DIOS)

4. Hacer tiempo para cruzarte “casualmente” a alguien.

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Admitirlo implica la pérdida automática de la dignidad, pero todos alguna vez dejamos pasar un colectivo o siete para cruzarnos casualmente con alguien.

¿No? ¿Era yo nomás?

5. Actuar conversaciones que nunca tuvimos ni tendremos de esa manera.

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Yo soy guionista, pero creo que en el fondo todos lo somos. Después de tantas veces de pensar “Debería haber contestado esto” o “Si pudiera le diría todo lo que me pasa”, a veces la manera más terapéutica es imaginar y actuar todas estas situaciones en las cuales, POR SUPUESTO la otra persona contesta exactamente lo que nos queda cómodo.

Claro que parecemos idiotas mientras lo hacemos pero, bueno, TERAPÉUTICO DIJE.

6. Narrar lo que vamos haciendo mientras cocinamos como si estuviéramos en televisión.

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No importa si estamos haciendo hamburguesas congeladas en la sartén y una ensalada de tomate, no hay nada más adictivo que narrarle a un espectador imaginario el paso a paso de lo que estamos haciendo, como para que vaya aprendiendo (?)

Amiga, capaz no me hace bien vivir sola.

7. Hacer conexiones dignas del FBI cuando estamos stalkeando.

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¿Notaron que cuando se entusiasman stalkeando de repente llegan a hacer un árbol genealógico que llega hasta el tatarabuelo de la ex novia solamente usando Twitter y la imaginación?

Por supuesto que NUNCA JAMÁS vamos a admitir que somos tan creativos para encontrar cómo se llamaba la primer mascota que el tío del que te gusta tuvo a los cinco años pero no podemos encontrar el control remoto.

8. Fingir agradecimientos de premios que nunca vamos a recibir.

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“Quiero agradecerle a mi familia, a la Academia por este honor tan grande de haberme entregado el premio a Reina del Mundo y por poder recibirlo así, en pijama, en la comodidad de mi hogar perdiendo cualquier tipo de decencia y estima por mi misma.”

9. Sacarnos 200 selfies hasta que UNA salga “con el mensaje adecuado”.

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Yo pregunto, ¿Hay algo más difícil que lograr el efecto casual de “Uy justo disparé la cámara y salí así de radiante”? Probablemente atrás de cada buena foto hay unos 30 intentos de ser casual pero elegante, divertida pero no forzada, que se me vea linda pero no desesperada.

Y obvio que como Kim, después la miramos embelesados con el resultado pensando si no deberíamos dedicarnos al modelaje o a hacerle un altar umbanda a los filtros de Instagram.

10. Hacer caras mientras nos maquillamos.

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Más allá de que hay que contorsionar los músculos faciales de formas extrañas para poder aplicarlo (Piensen en cuando se ponen labial…ajá), una vez terminado el maquillaje TODAS ponemos caras en el espejo que nunca vamos a poner en NINGUNA situación de la vida pero pucha que hace lucir el trabajo que hicimos.

11. Hacer karaoke o lipsync con toda la energía como si fuésemos estrellas.

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Estas lavando los platos, terminando el día y de repente el random de tu playlist tira un “Baby one more time”… ¿Me van a decir que no cantan o mueven los labios al menos poniendo caras de “Uh cómo estoy sintiendo esta letra, mi soledad ya no me mata, pégame de nuevo nene”?

Lo hacemos. Yo lo hago. No me dejen sola en esta.

12. Imaginar videoclips mentales mientras escuchas música en el transporte público.

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Viajar al trabajo todos los días sería aburridísimo sin nuestra imaginación, ¿No creen? Y no digo que esto sea algo que hacemos todos los días pero de vez en cuando, un clásico ochentoso se cuela en nuestras canciones y no queda más que imaginar un videoclip. Esa señora de allá podría mirarme en cámara lenta mientras las gotas de lluvia salpican la ventana, ¡Cámara lenta dije, señora, coopere!

13. Stalkearnos a nosotros mismos para ver cómo nos vemos desde afuera.

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Estás aburrido, hay que matar tiempo y empezás a ver tu Twitter, tu Instagram y tu Snapchat para tener una noción de cómo te ve el mundo desde ese lugar.

Yo sería mi amiga, y me calmaría con sacarle fotos a la comida y a mi pelo. Pero sí que soy divertida cuando me enojo en Twitter, eh.

 
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