Así vive “La tribu de las ratas” a 10 metros bajo las calles de Beijing, China ¡INCREÍBLE! (+23 Fotos)

El increíble crecimiento que ha experimentado China durante los últimos años lo ha llevado a convertirse en una potencia mundial y también a crecer cada vez más y más arriba: Increíbles rascacielos cubren el panorama en Beijing, como un faro de prosperidad que llama a hombres y mujeres chinos y extranjeros a una tierra prometida.

Pero al llegar la realidad es diferente, muchos terminan viviendo en los sótanos, las entrañas de esos mismos edificios opulentos y hermosos, en cuartitos ridículamente pequeños, trabajando arduamente lejos de sus familias a cambio de un salario que apenas alcanza para llegar a fin de mes.

Se calcula que alrededor de un millón de personas que viven en los sótanos de Beijing, ellos son apodados “la tribu de las ratas” entre los acomodados de la ciudad y conforman la mano de obra en la industria de servicios de la ciudad: camareros, cajeros, trabajadoras domésticas, guardias de seguridad.

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Los sótanos de hasta tres niveles que habitan fueron pensados como refugios antiaéreos en tiempos de guerra y ahora, segmentados en pequeños cuartitos de siete metros cuadrados, a veces sin ventilación ni ventanas, albergan a miles de personas.

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Imagina vivir a diez metros bajo tierra, compartiendo el baño con otras 80 habitaciones y el gobierno amenazando con desalojarte.

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El mismo gobierno que considera a estos espacios “sucios, inseguros y caóticos” hace 20 años fomentaba el alquiler de estos diminutos e inhumanos espacios como vivienda y ahora, cuando un millón de personas habitan el subsuelo de la ciudad, quieren sacarlos pero no ofrecen alternativas que ellos puedan pagar con sus reducidos salarios.

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Esta es la vida de “la tribu de las ratas” a través de la lente de Sim Chi Yin.

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Una madre inmigrante y trabajadora cargando a su hijo entrando al edificio en cuyo sótano viven.

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Zhou Limel, de 30 años, con su pequeño de ocho meses. Viven en el sótano de un gran condominio de viviendas en el oeste de la ciudad.

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Shang Lanian tiene 27 años, llegó de la provincia de Shandong y comparte habitación con su esposo.

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Esta chica se llama Xie Ruanjan, tiene apenas 26 años y, como muchos otros, viene de una provincia al sur de China.

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Zhang Hao, de 26 años, es electricista. Su esposa, Xiang Qigui, tiene 23 y trabaja como esteticien. Son propietarios de una casa de dos plantas en su región de procedencia, Henan, pero en Beijing viven bajo tierra en una habitación diminuta.

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Li Xihui tiene apenas 21 años.

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En la habitación de Zhao Dan apenas cabe una cama.

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Cheng Lijuan ha logrado decorar la habitación que comparte con otra persona con un poco de color.

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Niu Son y su esposa Zhao Ansheng trabajan como chefs en un elegante restaurante llamado Yunnan durante el día, pero las noches las pasan bajo tierra.

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Lui Jing, de 21 años, trabaja como pedicurista y duerme entre paredes húmedas y mohosas.

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Ji Jia tiene 20 años, trabaja como vendedora de ropa y comparte habitación con una compañera del trabajo, todo sin perder el estilo.

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Estos enamorados provincianos llevan dos años viviendo en un sótano al oeste de la ciudad.

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Ji Lanian, de 25 años, es una oficinista y vive bajo tierra con su pequeña de 3 años.

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Sun Kuangda, de 29 años, y su hijo Xiang Song, de 8, viven en un cuarto de 7 metros cuadrados.

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Zhang Yinfeng tiene apenas  18 años, llegó de la provincia para trabajar en un supermercado y me rompe el corazón, es todavía tan joven.

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Deng Lixia tiene ya 24 años y un diploma de la Universidad de Qingdao, pero trabaja como interna en una empresa tecnológica con un sueldo tan reducido como su habitación, la que comparte con su novio que trabaja en un supermercado.

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Ren Lang es originario del norte de China pero ahora trabaja en una construcción en Beijing y en la foto está con unos amigos que llegaron de visita a la ciudad.

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He Bing, de 23 años, aspira a ser vendedor de seguros y comparte esta habitación con otras tres personas.

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Al ver estas imágenes no puedo evitar recordar fenómenos de migración similares en América y Europa. Aunque sean apodados “ratas” por vivir bajo tierra, ajustados como sardinas en una lata, no dejan de ser seres humanos. Personas como tú y yo que buscan trabajar y sobrevivir en un mundo de contrastes injustos.

 

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