12 Conclusiones HONESTAS que saqué después de 12 años de matrimonio

Las películas románticas terminan siempre igual…

Un vestido blanco, flores, novios felices… ¿Pero qué sucede después de la boda? ¿Cómo se siente la vida en un matrimonio?… Pues aquí te dejamos las reflexiones de una mujer que lleva 12 años de casada.

Jamás he entendido la emoción de algunas mujeres por “encontrar a un hombre rico“ y ”quiero casarme“. Mis planes para la vida eran grandiosos, tal vez como de muchos adolescentes de 15-17 años que creen que tienen toda la vida por venir… Mis sueños no fueron destinados a hacerse realidad: una lesión deportiva le puso fin a mi carrera, mi oro olímpico. Tuve que dejarlos a un lado.

Conocí a mi futuro marido siendo una estudiante de universidad, al mismo tiempo, nunca había reflexionado acerca de cuántos años viviría en matrimonio. Me daba cuenta de que la vida podía cambiar en cualquier instante, tal cual como en el deporte, hoy eres un atleta reconocido, campeón y ganador, y pasado mañana te lesionas y el campeón es alguien más, mi entrenador siempre me decía: “Para ganar, debes ser más fuerte que los demás. Las palabras ”no me sale” y “no puedo” no existen. Levántate y hazlo.

Haz lo que puedes en este momento, hazlo al máximo”… La costumbre de pensar como campeona definió mi percepción del mundo. Podrías compararlo con un crítico interior y  ahora llevo 12 años de casada y estoy lista para compartir 12 conclusiones acerca de este proceso.

Da un vistazo:

1. Las parejas con personalidades similares viven más tiempo en matrimonio.

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Cuando uno es hiperactivo, y el otro muy perezoso, el matrimonio no será muy largo. Se pueden tolerar algunas diferencias en el temperamento, pueden adaptarse a la personalidad y la velocidad de la vida del otro. Sin embargo, si sus velocidades son totalmente opuestas, es poco probable que el “ferrari“ de tu vida y el ”ford” viejito de la vida de tu pareja, puedan correr juntos.

2. Las decisiones se deben tomar juntos…

Al mismo tiempo, no hay que exagerar. Los asuntos cotidianos no necesitan ser acordados. Sin embargo, las compras importantes y las decisiones que cambian el destino, se deben discutir previamente. La decisión es de los dos. Nada de “yo decidí“, ”porque yo digo”… Cómo criar al hijo, a dónde ir de vacaciones, “¿adoptamos un perro?”, qué auto comprar… todo esto se discute. Pero, por ejemplo, meterte en los asuntos de negocios de tu marido no es recomendable, así como él tampoco debe hacerlo contigo. A lo mucho puedes expresar tu opinión si es que él te la pide y viceversa.

Pero lo más importante para un matrimonio a largo plazo es el deseo de llegar a acuerdos, escuchar y oírse mutuamente, dejar la posibilidad de estar a solas, no fusionarse en uno solo como gemelos siameses, sino dejarse un espacio personal.
La vida familar es una combinación de amor, confianza, ayuda mutua, paciencia y fuerza de voluntad. El orden de estas cosas cambia cada cierto tiempo con el paso de los años.

3. La vida en matrimonio no es una gran fiesta.

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No existe un “felices para siempre” sin pausas para comer y días de descanso. Existen enfermedades, malestares, cansancio e irritación, enojo y resentimiento. Existen discusiones, dificultades y problemas. La pregunta es qué tanto tiempo quieren estancarse los esposos en este tipo de situaciones.

4. La vida en matrimonio no es una gran fiesta.

No existe un “felices para siempre” sin pausas para comer y días de descanso. Existen enfermedades, malestares, cansancio e irritación, enojo y resentimiento. Existen discusiones, dificultades y problemas. La pregunta es qué tanto tiempo quieren estancarse los esposos en este tipo de situaciones.

5. Los esposos deben evolucionar juntos.

No hay que conformarse con lo que ya has logrado. Si el marido y la mujer no evolucionan en la vida, el resultado será muy triste: aquel que obstruye la evolución, se queda solo. Tarde o temprano. La mujer estancada en ollas, pañales e hijos, así como el marido con una cerveza enfrente de la tele, es una carga que tarde o temprano se quitarán de encima. Sin excepciones.
De aquí sale otra conclusión: no le impidas a tu marido evolucionar. No importa en qué sentido. Bailes, guitarra, snowboard, ajedrez, 101 maneras de cocinar pollo… cualquier actividad en la cual la persona quiera lograr resultados. Lo mejor sería compartir sus intereses, pero si no es posible, al menos no estorbes.

6. Hay que aceptarse el uno al otro.

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En un nivel profundo. Te pueden irritar algunas costumbres, puedes no estar de acuerdo con algunos rasgos de personalidad. Es posible que tengan puntos de vista distintos a algunos problemas, al proceso de crianza. Pero en un nivel profundo, deben aceptarse mutuamente. Con todas sus rarezas y peculiaridades. Debes permitirle a la persona ser como es. Claro, puedes intentar cambiarla, pero siempre y cuando la aceptes.

7. Tu marido debe ser libre aunque lo necesites.

En los últimos años, vivo bajo este principio. No temo que mi marido me pueda dejar porque, como cualquier persona, tiene derecho a una vida mejor. Sin mí. Y es normal. Así como yo también tengo derecho a una vida mejor para mí. Sin él. Sí, la vida anterior estaría rota, pero no sería una catástrofe. No puedes mantener a nadie a tu lado a la fuerza. Por eso, debes quitarte los lentes color rosa, olvidarte para siempre de la frase: “Viviremos felices para siempre y moriremos el mismo día”. Y saber que en cualquier momento tu pareja se puede ir… Así que no te engañes.

8. La mujer no se debe disolver por completo en su marido ni en los hijos…

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Primero encuentra tiempo para ti, y luego, para tu marido y tu hijo. La mujer que traiciona su propio “yo” por un hombre, aburre rápidamente y se convierte en una carga. No debes disolverte por completo en la familia, vivir con los deseos de tu marido ni pensar solo en ollas e hijos. Debes pensar en ti primero. Además, así te volverás más interesante, darán ganas de conversar contigo. No te conviertas en un sillón… ¿a quién le interesa saber qué es lo que piensa un sillón?.

9. Cada quien puede tener sus intereses y deseos.

Cada quien debe tener derecho a contar con su espacio y tiempo personal. Cada quien debe tener sus finanzas aparte.
Es una regla de una relación. Debe ser así y no se discute. No debes llevar a tu marido de compras como tampoco estás obligada a acompañarlo a pescar.
Para mí, por ejemplo, el tiempo personal es el tiempo de entrenamiento y yoga. Puedo ir a un lago sola, para ver el agua y reflexionar en soledad. También tengo tiempo para leer libros y hacer otras cosas. Mi marido va al sauna, se reúne con sus amigos, va a pescar durante unos días. Nadie vigila a nadie, tampoco peleamos por eso. Todos estamos contentos.
Cada quien debe tener sus finanzas. Sin que el otro exija reportes de “¿dónde gastaste el dinero?”. Es humillante pedir dinero para toallas íntimas así como para cigarros.

10. Un matrimonio debe tener una mascota.

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De preferencia, de sangre caliente. Un gato, un perro, un hámster… algún animalito al que puedas tocar y acariciar. Hemos tenido gatos, perros o ambos a la vez. Ahora tenemos dos perros y un gato esfinge.

11. El sexo apasionado no es lo más importante en el matrimonio.

Después de 12 años de matrimonio, es imposible tener sexo apasionado y un romance como antes, incluso después de 3 años, todo se calma y pasa a un nivel más tranquilo… Para mantener el nivel del deseo alto en tu pareja, después de muchos años vividos juntos, se necesitan emociones fuertes que simplemente no pueden existir. Solo si uno de los esposos sufre de adicción amorosa. En ese caso sí puede querer pasión y fuego. De ser así, su pareja se queda con él por conveniencia, por comodidad y por el deseo de no cambiar nada.

Pero, por lo general, en una relación normal y no problemática, el sexo pasa a un segundo plano y realmente no es lo más importante en un matrimonio.

12. La pasión pasa.

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Sí, el amor pasa. Precisamente la que te impone la sociedad y cuyo verdadero nombre es “la adicción amorosa“. Con emociones locas, sufrimientos, lágrimas, dolor en el alma e imposibilidad de pensar en nadie más que no sea el objeto de este ”amor“.
En la relación todo debe estar bien. Sin histerias, escándalos, altibajos emocionales, estrés después de un mensaje no contestado, platos rotos y “me voy a vivir con mi mamá”, sin esfuerzos y noches sin dormir por un nuevo escándalo.

En la relación todo debe estar estable. Lo cual no significa que debe ser aburrido. Significa que estás seguro de que tu marido no hará alguna tontería espectacular que no te esperabas… En la relación todo debe ser tranquilo. Cuando vas a casa y sabes que allí todo está bien, que no encontrarás a un borracho agresivo y que no habrá violencia física.